La vegetación

La apariencia inhóspita del Parque Nacional del Teide no presagia el universo vegetal que surge en primavera y que, junto a sus tesoros geológicos, lo convierten en un lugar único en el mundo.

La imagen que se llevan los visitantes de este lugar nunca será completa si no se ha vivido y disfrutado la espectacular primavera de Las Cañadas del Teide.

La mayoría de las plantas aprovecha un corto período de tiempo entre abril y junio para florecer y reproducirse, sucediéndose los colores a medida que unas flores ceden el turno a otras en este espléndido abanico primaveral.

Algunas especies son tan abundantes que su color caracteriza marcadamente el paisaje, como es el caso del blanco de las retamas, el amarillo de las hierbas pajoneras o el rojo de los tajinastes del Teide en los contados lugares donde aparecen colonias numerosas de esta singulares especies.

La vida a esta altura y entre lava es difícil; se ve obligada a un esfuerzo de adaptación a las duras condiciones de la zona. Por otra parte, su situación por encima de los mares de nubes supone un doble aislamiento para los seres vivos, una isla dentro de la isla. Todo ello ha favorecido la formación de una gran variedad de especies endémicas exclusivas de esta zona.

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